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title: "Nancy Godoy: Cuando el silencio también indigna"
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description: "Cuando éramos niños, nos enseñaban que la escuela era nuestro segundo hogar y que la señorita era una segunda mamá."
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date_published: "2026-10-30T12:53:00-03:00"
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author_name: "Miguel Zalazar"
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# Nancy Godoy: Cuando el silencio también indigna

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Allí aprendíamos las primeras letras, comenzábamos a descubrir el mundo y dábamos nuestros primeros pasos en la alfabetización, acompañados por mujeres que, muchas veces, trascendían su función docente para convertirse en referentes afectivos fundamentales en nuestras vidas.

Por eso duele tanto la muerte de Nancy Godoy. Porque detrás de cada docente hay una persona, una familia, una historia y una vocación. Y porque resulta difícil comprender que alguien pueda arrebatarle la vida a una mujer que dedicaba sus días a enseñar, a formar y a acompañar el crecimiento de otros.

El hallazgo de su cuerpo, después de días de incertidumbre y búsqueda, nos enfrenta a una realidad que no podemos aceptar como parte de la normalidad. Nancy está muerta. Una docente, una mujer, una persona con afectos, sueños y proyectos, a quien le quitaron la posibilidad de seguir viviendo.

Su asesinato no puede convertirse en una noticia más, de esas que ocupan durante unas horas los titulares, despiertan indignación y luego ceden su lugar a otro acontecimiento. No podemos acostumbrarnos a que la muerte violenta de una mujer sea incorporada a la rutina informativa como si se tratara de un episodio inevitable.

Los femicidios no pueden naturalizarse. No alcanza con lamentar las consecuencias cuando ya no hay nada que reparar. Necesitamos políticas de prevención, compromiso institucional y una sociedad que no se resigne ante la violencia.

Pero hay algo más que también merece ser señalado.

**¿Dónde están las voces de las máximas autoridades de Corrientes? ¿Qué tienen para decir el gobernador de la provincia y el ministro de Educación?**

Frente a la muerte de Nancy Godoy, la sociedad espera algo más que el silencio. Espera que quienes tienen responsabilidades públicas comprendan la dimensión humana, educativa y social de esta tragedia. No se trata de interferir en la investigación judicial, ni de anticipar conclusiones sobre las responsabilidades penales, que deberán establecerse en el ámbito correspondiente. Se trata de asumir que la muerte de una docente no es un asunto ajeno a las autoridades políticas y educativas.

Una maestra no es solamente una trabajadora del sistema educativo. Es parte de una comunidad, de una institución que representa uno de los pilares de nuestra sociedad y de una tarea que contribuye a formar a las generaciones futuras. Su muerte interpela, por lo tanto, mucho más allá del ámbito privado de su familia.

El gobernador de Corrientes y el ministro de Educación tienen la responsabilidad institucional de expresarse. La sociedad necesita saber que este crimen no será tratado como un hecho más, que el dolor de sus seres queridos importa y que la vida de una docente merece toda la consideración pública que una tragedia de esta naturaleza exige.

El silencio, en circunstancias como estas, corre el riesgo de transmitir un mensaje de indiferencia, aun cuando no conozcamos las razones por las cuales las autoridades no se han pronunciado. Y esa es precisamente la preocupación: que aquello que debería conmovernos como sociedad termine siendo aceptado como una fatalidad cotidiana.

La búsqueda de justicia por Nancy Godoy debe trascender las fronteras de Corrientes y convertirse en un reclamo de todo el país. Porque ninguna mujer debería perder la vida de esta manera y porque ninguna comunidad debería resignarse a convivir con la violencia como si no existieran alternativas para prevenirla.

La Justicia deberá determinar las circunstancias del crimen y las responsabilidades correspondientes. Pero la responsabilidad de reclamar, de exigir respuestas y de impedir que el caso caiga en el olvido nos pertenece a todos.

Nancy Godoy ya no podrá volver a su escuela, reencontrarse con sus alumnos ni continuar con su vocación. Su ausencia es irreparable. Lo que todavía podemos hacer es impedir que su muerte quede reducida a una estadística, a un expediente o a un titular que mañana será reemplazado por otro.

Porque cuando asesinan a una docente, no solamente se destruye una vida: también se hiere a una comunidad que todavía cree en la escuela como espacio de formación, cuidado y futuro.

**Nancy Godoy merece justicia. Su familia merece respuestas. Y la sociedad merece que sus gobernantes estén a la altura de una tragedia que no puede ni debe naturalizarse.**

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